Restaurante con mucho encanto. Excelente decoración e iluminación. Situado en una calle de poco tránsito le confiere más misterio al local. La carta es extensa con propuestas muy sugerentes y un menú degustación que no probamos, pero lo haremos. Carta de vinos compensada. Por cierto, las cartas ofrecían un excelente estado. La encargada de sala es profesional y correcta (buena conocedora del producto y ofrece mucha información al comensal). Sí que es cierto que tratándose de un restaurante de siete mesas, le faltaría un poco más de cordialidad y simpatía (una sonrisa, por favor!). La comida resultó deliciosa, así como los postres y el vino. Fue todo muy agradable. No es barato, pero se come bien y merece la pena. Como crítica, decir que los cocineros salieron a la sala en pleno servicio, hablando largamente con algunas mesas de amigos (no la nuestra). Nos pareció poco profesional. Primero; salir en pleno servicio (quien cocina?), dos; sin los gorros reglamentarios (aunque sea por imagen) y tres; no preguntar al resto de mesas por la comida. Aunque no seamos amigos, pagamos y esperamos el mismo trato que al resto. Al margen de este detalle y el de la simpatía, un restaurante recomendable de todas, todas...
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