Excelencia en el acuartelamiento con una presencia magnificada por una tienda delicatesen adosada al mismo.
Distancia entre mesas muy correcta. La sala está liderada por una jovencita de 60 años con un equipo de camareros agradables con trato más o menos cercano.
Carta tradicional con un menú degustación que permite probar un poco de todo.
Cantidades rozando el límite, pero bien elaboradas, con buen sabor y muy ajustadas a la tradición.
Servicio del vino básico, sin valor añadido, recomendable para un único viaje, por lo castizo del lugar.
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