Pequño restaurante el el tubo de Zaragoza, entrada pasa casi inadvertida. El lugar es bastante singular, entre clasico y moderno, dispone de apenas 12 mesas entre los dos pisos. La carta de vinos tiene bastantes referencias de la zona y las clásicas del resto de la península, pero no llega a igualarse con el resto del restaurant. La comida me sorpendió, no esperaba encontrarme con platos tan bien elaborados y con muy buena materia prima. EL servicio muy cercano y correcto, y la gente que habia se notaba que eran habituales. Es un lugar de Zaragoza no muy conocido, pero que vale la pena ir y provarlo. Calidad precio muy correcto.
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