Excelente puesta en escena de este reaperturado La Libelula, eso si, con Sergio al frente despues de su paso por Les Nits, como sumellier y jefe de sala promete sacar provecho al lugar.
Conserva su aspecto, paredes antiguas de ladrillo cocido, un patio de luces lleno de plantas y una luz tenue, crean la suficiente atmosfera como para deleitarse con sus recomendaciones, rabo de toro deshuesado, una carrillada de cerdo, un bacalao con muselina de allioli, o un excelente tronco de atun macerado, son algunas de sus ofertas.Los vinos estan perfectamente servidos, envinados y cambio de copas constante.En cuanto a los postres, la tarta de texturas de chocolates y avellana, sensacional, un premio!!Un lugar muy recomendable junto al mercado de abastos, con ganas de agradar y permanecer:
Restaurante con poco tiempo de apertura, llegamos un jueves a las 11.15 no nos pusieron ninguna pega para sentarnos, pedimos un menú degustación 40€ por persona compuesto de 5 mini raaciones de cuchara. Nuestra sorpresa fue cuando no sirvieron una ¿ vichysoise? que nos sorprendió de hecho hasta a la camarera, que no supo explicar lo que teniamos delante,después unas hojas revueltas de ensalada en un vaso bajo con dos pasas; con esto habia acabado las entradas seguidas e lo unico que comimos la carne ya que el atun fue directamente del frigorifico a nuestro plato, congelandonos la boca ( incomible ), pensabamos que tendriamos prepostre o algun tipo de sorbete pero ni eso, al preguntar al camarero nos saco el postre dos trozos de tarta tradicionalmente cortados y con ningun sabor acompañadas de lo que entendian como prepostre: unos polvorones de carrefour, era navidad, . Nos invitaron a un chupito de moscatel.
precio- 50€ por persona. Juzguen ustedes mismos si vale la pena calidad precio, nosotros ya nos llevamos la decepcion.
Demasiadas pretensiones para un espacio con mobiliario taberbero, servicio poco o nada profesional. La carta de vinos hubiera sido buena, si las referencias que indicaba la misma se encontrasen en bodega, pero ni éso. Copas envinadas (¿?) con pocos medios.
Yo no tuve las mismas impresiones que en los anteriores comentarios.
El local es atractivo, fusionandose lo antiguo con lo moderno, con una adecuada separación de las mesas y una acertada iluminación.
La comida está bien. En los platos se observa cierta elaboración y buena técnica, se cuida la presentación y la combinación de sabores es acertada.
El servicio fue muy amable y atento durante toda la noche
Completa carta de vinos con 140 referencias y buen asesoramiento por parte del sumiller.
Buenas copas y servicio del vino
Hasta aquí todo bien. El problema es que nos pareció una tomadura de pelo que nos cobrasen 9€ por una ensalada con tres hojas de lechuga, dos flores y unos cuantos arandanos y 10€!! por un trozo de tarta, por muy buena que esté (con ese precio, puedes pedirte dos postres en cualquier otro restaurante). Por lo tanto la relacion calidad-cantidad-precio está muy descompensada. Pienso que los dueños deberian de asesorarse un poco antes de poner los precios de algunos platos y medir mejor las raciones.
No conocíamos el restaurante y pasamos por delante. Lo primero que nos llamó la atención es el sitio. Un bajo que debía ser vivienda anteriormente, con unos suelos de mosaico respetados preciosos, techos altos y vigas de madera. Un patio interior precioso (lástima que no se pueda usar para cenar). La atención exquisita y la comida excelente (un tataki de atún con... ¿salmorejo?, una coca de pisto con foie...) Platos muy diferentes en cuanto a composición comparados con los demás sitios. Me hizo gracia lo de los platos sacados de quicio, tal como decía Laia.
El servicio genial. El sumiller un encanto de persona, joven y con muchas ganas de hacer las cosas bien. Los camareros muy majos y hasta salió el cocinero para ver cómo habíamos cenado. Un muy buen equipo.
En cuanto al vino, una carta mas que variada. Nos dejamos aconsejar por el sumiller con un syrah de Finca antigua que estaba tremendo. Nos contó la historia de la uva y eso quizá hizo que lo pudieramos apreciar más. La temperatura correcta y la cristalería tambien. Como el que quizá hizo que nos enganchara más, un moscatel de Alicante, el Cristalis. Algo impresionante, un sabor de corteza de naranja al final... no sabría describirlo.
En definitiva, un sitio más que recomendable para pasar una velada agradable (estuvimos hasta tarde y no se les veía con prisa por acabar). Volveremos sin duda.
Abrieron hace muy poco y aun no tenian la carta de vinos, pero muy amablemente nos enseñaron la bodega donde estan reposando las ciento treinta referencias de vinos que tienen en este curioso y original lugar, poniendome dificil la eleccion del vino.De ahi los vinos pasan a la cava fria donde toman su temperatura ideal. Excepcional el cuidado y mantenimiento del vino. Copas mas que adecuadas para cada vino. Cambios de copas con cada cambio de botella. Probamos un vino que nos recomendo la camarera, que parecia entender bastante del asunto, un viñas del vero GRAN VOS que realmente deleito nuestro paladar. Volvere con absoluta seguridad. La comida muy bien. Muy original y cuidada, y bastante creativa. Tienen una especialidad curiosisima, los platos "sacados de quicio". La decoracion , el ambiente, el trato, me parecieron increibles. Os lo recomiendo ampliamente.Ah!! el vino de postre...INCREIBLE, creo que es de la enóloga que les asesora,pero desgraciadamente no estaba por alli ese día.
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