A pesar de que es un restaurante que visito asiduamente cuando estoy de vacaciones, no había escrito ninguna valoración hasta ahora. Me gusta ver evolucionar a la gente tanto en el lado culinario como en el empresarial.
La primera vez que estuve comiendo, me pareció un sitio con un gran potencial, con especial atención a los detalles, con gestos propios de los mejores estrellas michelín en los que había estado y que lo ponían a la altura de los mejores.
Sin embargo, en el último año he podido apreciar que todos esos detalles que constituían una gran promesa han ido desapareciendo: repetición de los mismos platos, descenso de la calidad de la materia prima, una actitud por salir del paso abandonando el cariño que conseguía ese punto de diferenciación.
Por comentar detalles concretos y comparando con una época anterior: el aperitivo solía ir acompañado de alguna tapa más elaborada que daba comienzo a un menú lleno de sorpresas y sabores que te hacían disfrutar. Al menos según mi experiencia, este aperitivo ha desaparecido.
La carta llevaba siendo la misma el último año largo... sin tener en cuenta que los veranos en Linares son duros y quizá pudiesen revisarse algunas cosas. Durante las cuatro últimas veces que hemos visitado el restaurante, la guarnición de los segundos (habiendo pedido a mesa de cuatro, cuatro platos diferentes) había sido de pimientos asados y espárragos. Una presa ibérica más bien cocida, un entrecot imposible de masticar...
Echo de menos esa creatividad e imaginación que caracterizaba al principio a Los Sentidos. Quizá una cocina más de mercado, con una carta más corta y muchas más sugerencias diarias le haría volver a ponerse en órbita. Y por supuesto, salir al mundo y probar, comer en sitios reconocidos, pero sobre todo de gente con la misma idea de negocio y trayectoria que pueden aportar mucho tanto a nivel de cocina como de empresa.