Andábamos en pleno agosto por las ramblas sin saber a donde cudir por estar cerrado el Pinotxo, y nuestro Cicerone nos llevó a la opción menos mal, alejada de las preferencias prefabricadas y rápidas del típico turisteo de la zona, inevitable por otra parte, al estar donde está. El local intenta conservar su sabor, quedándose relativamente rancio y trasnochado, a todos los niveles, pero su ubicación le hace ganar enteros. El servicio, ni sí, ni no, demasiado acostumbrado a los clientes de paso, no es incorrecto, pero tampoco amigable, bastante distante, pero respetuosos en todo momento. Deben vivir mucho de la terraza, el interior estaba prácticamente vacío.
Carta clásica, precios de los platos de la carta tirando a elevados, incluída la de los vinos. Al ir de paso, optamos por picoteo a compartir. Ensalada con crujiente de queso de cabra (9,29 €), Chipironcitos fritos a la andaluza (12,40 €), Callos con chorizo al estilo Bilbao (supongo que por no poner a la madrileña :D , 9 €), 1/2 de Trigueros con romescu, 1 Alubias de Tolosa (11,02 €) con su oreja, chorizo y morcilla, y pan de coca con tomate (a 2,40 la ración) todo razonablemente bueno, sin apasionar, pero bueno. Par abeber una botella de txakolí de Zarautz (15 €), y para rematar una copa de tinto de Rioja flojucho (5 €, WTF???). Con cafés, sin postres.
Total 90 € de 3 personas, alternativa razonable por la zona, para comer decentemente fuera de sitios de comida rápida o prefabricada, a la carta puede resultar bastante caro, si se está de turisteo por las Ramblas (casi en Colón) y no se conoce nada mejor, es una opción "digna".
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