A medio camino entre Girona y Figueres se encuentra Bàscara, un pequeño pueblo que tras soportar durante años el paso de camiones de gran tonelaje por el centro del pueblo, la última muerte de una vecina colmó el vaso de su paciencia y el pueblo entero se plantó, salió a la calle y tras 80 días de protestas y cortes de la N-II, han logrado lo que parecía imposible, prohibir el paso de camiones de gran tonelaje por la carretera nacional en prácticamente toda la provincia de Girona.
Bien, en este pueblo se encuentra Can Carles, es éste un restaurante familiar que a pesar de disfrutar de una excepcional situación en plena N-II, de la preciosa y antigua masía que lo alberga, de un comedor amplio con paredes de piedra y mesas con buena separación, bien vestidas y equipadas, de unos originales menús que prácticamente se adaptan a todos los gustos…….., no me acaba de enamorar. Quizás la falta de pasión del personal, que como dicen en un comentario anterior da la sensación de que ya lo tienen todo hecho, y es una pena porque en principio tiene todos los ingredientes para enamorar.
Soltado el rollo, vamos a lo que interesas, la manduca. Tras ojear la carta nos convence el menú del día de 16 euros, así que …
De postre,
La cuenta,
Como digo al principio, todo bien, todo bueno, el servicio ni bien ni mal….., pero no salí pensando que me apetecía volver, de hecho he visitado este restaurante tres veces en mi vida, y entre visita y visita han transcurrido más de cinco años.
Rodaballo
Jamón a la Montañesa
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