Restaurante relativamente joven de cuidado diseño en su arquitectura y mobiliario. Sillas y mesas cómodas. Buena iluminación y una bodega acristalada preciosa que encierra vinos realmente difíciles de conseguir. Esta selección se merece una nota alta, al igual que el servicio (al menos del encargado de sala) y unas copas adecuadas (Schott).
La cocina es sencilla de raciones justas pero correctas (yo no bajaría ni un solo gramo de las raciones por miedo a quedarse cortos). Tapeo de calidad con algún atrevimiento divertido y una buena armonía en los sabores.
Por desgracia falta orquestación en este restaurante, donde el único que brilla por su profesionalidad es el encargado de sala. Cuando desaparece de tu mesa puede pasar cualquier cosa.
Todos los platos llegaron a la vez, algunos incluso fríos, faltó pan, se descorchó cava de malas formas... Lástima que todo esto no se organice, porque de verdad el conjunto es bueno, pero claro, comer todos los platos a la vez, como si fuera un restaurante chino, que quepa comida en la mesa y sigan trayendo platos y que jamás cambien el plato al comensal son fallos fácilmente subsanables, si se quiere. En fin, el dichoso problema del servicio.
Correcta RCP, sobre todo en el precio de los vinos.
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