Es curioso encontrarte un restaurante con decoración típica de los años 60-70 (muchos lunares con colores muy llamativos -rojo-) en un hotel con cierto aspecto exterior de corte clásico. El espacio es amplio y confortable. Carta de platos no muy amplia pero interesante con algunas propuestas realmente novedosas. El menú de degustación sólo se puede servir antes de las 22:00. Lo peor, la carta de vinos, bastante corta y con recursos muy limitados (y algunos muy caros, como es el caso de los espumosos).
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