En el firmamento gastronomico las estrellas michelin brillan fundamentalmente por las excelencias gastronomicas de los restaurantes, amén de otros criterios como son el servicio, el entorno, la comodidad, etc.
En este caso, y a mi entender, es precisamente en el contenido principal (la comida) donde mas lagunas encontré.
El entorno, las vistas, y el local, extraordinarios. El servicio bastante mejorable (por lo menos el día que yo estuve lunes-noche e imagino que habría alguna ausencia). Tuve que pedir vino en un par de ocasiones.
En cuanto a la comida muy desigual. Combinan algunos aciertos (brandada de bacalao en los aperitivos, el foie con cacao y el carré de cordero) con otros platos bastante deficientes, por ejemplo el bacalao duro y salado, los postres anodinos y unos petit-four excesivamente dulces y todos de chocolate con leche bastante empalagoso.
Otro tema que tampoco parece muy razonable en los tiempos que corren es el de menu unico (aunque te digan si deseas cambiar alguna cosa)y en general, las raciones son muy cortas.
En cuanto a los vinos, hice una selección a mi entender de una gran relación calidad/precio ya que tienen una carta extensa y, sabiendo buscar, unos precios muy razonables. Tomamos Vallegarcia-Viognier 22 € y San Román, creo recordar 32 €.