Tras mi paso por el 2009, esperaba mayor desarrollo y consolidación, de un buen restaurante, que antes y ahora, muestra capacidad y maneras. Servicio amable, discreto, correcto y muy eficaz. Buen y adecuado servicio del vino con una carta razonable, algo cara para el contexto del restaurante. Local algo oscuro en la zona del fondo con una cualidad que valoro mucho: amplia separación de mesas. Su cocina trata de desarrollar sin extravagacias, la cocina andaluza. En este intento roza la excelencia en el salmorejo de remolacha , en el gustoso yogurth de foie sobre compota de melocotón o en la poleá ligera con pestiño. Muestra sencillez, elegancia y finura en todas sus creaciones, pero fuera de las citadas y en esta ocasión, no encontré la intensidad y emoción que solemos buscar en estos lugares. En definitiva, cierta uniformidad y monotonía que parecen frenar a Abantal en su desarrollo. Habrá que esperar
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