Hace ya un par de veranos que conocemos este increíble lugar situado en pleno campo del Empordà; un club de jazz al aire libre, con servicio de coctelería i demás. Situado en medio de un campo de girasoles que hay en una enorme masia ,parece sacado de un cuento de hadas.
Este año por fin han abierto un restaurante; que por cierto era lo que le faltaba al conjunto; y al visitarlo quedamos gratamente sorprendidos.
la propuesta es francamente sencilla i sin pretensiones, pero la calidad de la materia prima es su razón de ser.
la verdad es que se agradece la falta de florituras que muchas veces tapan es sabor de el producto en si; sobre todo cuando se trata de carne (que es básicamente lo que hacen). Ternera, vaca, pato, cabrito y diferentes razas de cerdo, son la base de la carta.
las guarniciones; sencillas y como hechas en casa, se sirven aparte; con lo que la cena se puede plantear como un picoteo alrededor del plato principal.
quizás echamos en falta mas variedad de ensaladas, pero la verdad es que son lo que tienen que ser, y el surtido de aceites y vinagres con las que se acompañan son inmejorables.
la carta de vinos; que según nos comentaron está hecha por Sara Perez y Renne Barbier, no tiene desperdicio, aunque no es muy extensa ( unas 60 referencias de 15 a 80€ ), no existe en ella ni un sólo vino del montón; al contrario hay aunténticas joyas.
los prostres son de una pastelería de Torroella de Montgrí, acompañados por buenos vinos dulces
la decoración que es un mezcla de bistro francés y colmado barcelonés; es otra muestra de buen gusto.
el interior es francamente agradable y la terraza te permite cenar con la carpa del jazz bar de decoración.
la cubertería es como mínimo sorprendente; ya que los cuchillos son laguiole y los tenedores son como de tapeo.
el servicio que es informal,es mejorable en verano aunque en temporada baja es muy correcto y cercano.
en definitiva; un lugar donde comer sencillo es comer bien; y donde la música de jazz ( en viejos vinilos) tiene un papel importantísimo.