Restaurante de corte clásico en el centro de la ciudad. Cuidada decoración y cómodas sillas, al menos en el reservado con vistas a la bodega en el que cenamos.
Acompañé a Juan Such en la mesa así que el menú queda claro en su comentario. Cocina de mercado con un buen cuidado de la materia prima, buena presentación de los platos y buen servicio a cargo de Maxi.
Del mencionado menú destacaría el risotto que me pareció una verdadera maravilla y el huevo con patatas y chistorra, reinvención de este plato que, para los amantes del huevo, como es mi caso, merece la pena probar.
La bodega del Kailuze es una verdadera caja fuerte donde se cuidan y miman joyas enológicas que el sumiller ha ido seleccionando con buen juicio. El servicio del vino es muy bueno y se cuidan los detalles.
En definitiva, un restaurante a visitar.
El precio del menú especial que nos configuraron fue de 50€ sin vino.
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