Restaurante castellano de un Hotel ubicado en un precioso edificio de corte medieval. El local no es tan bonito como el edificio pero resulta cómodo y amplio, decorado con muñecas antiguas para gustos.
Cocina regional con alguna aportación internacional.
Comida honesta, en la que destaco los Trigueros con salsa holandesa y las Patatas con Costilla, además del Lechazo.
Carta de vinos centrada en Rioja y Ribera sin servicio del mismo.
Servicio con ganas, un tanto atropellado.
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