Muy bien situado frente al mar, decoración tipica marinera.
Servicio muy poco profesional, como en casi todos los sitios de la costa ponen gente del este a servir las mesas y las pobres hacen o que pueden que no es mucho, aunque la buena voluntad no falta.
La comida correcta sin pasarse, pescado fresco, y alguna cocción original como el bogante a la muselina de ajos, que para mi esposa es un crimen, lo cual yo reduzo a craso error, ostras de calidad media baja.
El vino dos méritos: tienen jereces ( lo cual es bastante raro) y segundo: tienen muy buena representación de vinos del Emopordá - Costa Brava, lo cual, aunque parezca mentira es también raro en la zona. A partir de aquí los clásicos riojas, y riberas y algún que otro gallego. Lo sirven caliente , no decantan. Lo peor: al entrar tienen una extraordinaria botella de Oporto Niepoort Vinatege 1960, junto con otras "históricas" en una vitrina y sobre un lecho de hielo, cual si se tratara de bulgares besugos.
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