Montaje y decoracion un poco rancios, a pesar de estar en un entorno prodigioso, situado en el Palacio Arzobispal, en plena Plaza Grande de Quito (compartiendo escenario con la Catedral, y el Palacio Presidencial), las vistas desde el mismo y el acceso al mismo, cautivan al momento.
La comida en sí, con sus altibajos, fusionando la comida mediterránea, con productos autóctonos y comunes en la comida ecuatoriana, con el ají o el ajonjolí (semilla de sésamo).
Entrantes.
Langostinos y vieiras a la plancha en salsa de pimiento con un toque de ají.
Frittata (consistente en una serie de verduras y mariscos fritos con un ligero rebozado de maiz) presentados dentro de la concha de una vieira.
(Rico, con el pero de que compartía salsa con el plato anterior.
Pricipales (también a compartir)
- Rollito de pechuga de pollo relleno de langostino con salsa de queso. (discreto por el hecho de ser pollo).
- Atún blanco con costra de ajonjolí, y una salsa que no recuerdo, que estaba muy rico, pero un poco caro en comparación con el resto (18$ el plato), sin duda el mejor plato.
Vino Santa Julia 05 Malbec, normalito.
Precio total 80 € (cambio aprox. 1€ = 1,5$) de 2 personas, pero más de 25 correponden al vino. El cambio de divisa, y la diferencia de nivel de vida, convierten un restaurante exclusivo para la gente local, en un restaurante accesible.
Carta de vinos escasa y cara, ninguno bajaba de 40$. Servicio del mismo flojillo, y en general correcto. El entorno y situación están por encima de la comida.
El entorno
La sala
Las vistas
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