Volviendo de Madrid con calma, paramos a comer donde ya nos atendieron tan bien en ocasiones anteriores desde hace varios años. Del entorno e instalaciones, ya se ha comentado bastante aquí. Así que me limito a la comida en si.Esta vez acudimos con nuestros hijos. Este detalle tiene su explicación: mi hija no es amante del cordero…pero sabía que iba a tocar. Y se le iluminó la cara cuando lo probó. Para nosotros el mejor de…¿de cuales? de los que conocemos, claro. Pero me atrevo a decir de los de la zona. De primero compartimos croquetas caseras riquísimas, mollejas de lechazos y una morcilla especial de la casa, con pasas y piñones, servida en una sola ración, de consistencia como para untar…cosa fácil con ese buenísimo panecillo candeal individual que te ponen. Tal como encargamos, se sirvieron un cuarto trasero y otro delantero. Pero no a la vez, que así no se enfrían. Siempre hemos apreciado ese detalle. Además es una forma de conservar la textura de “recién hecho”, tierno, tierno, y crujiente. Acompañado de la ensalada clásica y de otra de “marujas”, que es como llaman aquí a las pamplinas, que triunfaron gracias a su exquisito aliño bien equilibrado en cuanto a vinagre. Optamos por un Pago de Carraovejas Crianza 2006, tan tan bueno que se repitió. De postre una tarta de hojaldre, otra de requesón (probadla), unas natillas y un helado de queso con fresa: todo casero. 2 cafés y 2 GT. 220€ con las cervezas y vinos de aperitivo en el mostrador. Correctísimo. Eso si: tener en cuenta que NO abren el comedor antes de las 14h30. Claro que eso permite programar y controlar bien el horno y sus resultados, que es lo que los comensales buscamos y agradecemos: el lechazo en su punto exacto.No recalentado. Pero me parece que a las 14h sería buena hora. Sobretodo para quienes tienen luego un viaje pendiente: esta media hora en vez de pasarla en la barra esperando con un vino, te la pasas de sobremesa con un café. ¡Que ahora a 110 se tarda un poco más en volver!