Teníamos muchas expectativas puestas en el afamado Boroa de Amorebieta, las cuales no se vieron cumplidas.
A la llegada el sitio impresiona. Es un bonito caserío rodeado de vegetación, vamos, un entorno idílico.
Una vez dentro, la recepción es cordial y el personal atento.Como único pero, el trato que le dan al vino no es el apropiado para un restaurante de la categoría que se le presupone. Respecto al vino, prácticamente la totalidad de la carta está compuesta por Riojas. Pedí el único Burdeos decente de la carta y no lo tenían en la bodega...mal.Cómo no, acabé pidiendo un Rioja.
Respecto a la comida en sí, pedimos el menú degustación compuesto de los siguientes platos (a parte de entrantes):
- Ensalada con cigalas: Las cigalas estaban muy bien, pero la ensalada en su conjunto tenía un sabor un tanto extraño.
- Hongos a la brasa: Sencillamente expectaculares, pero el plato estaba compuesto por un hongo y medio, con lo que se hizo muy corto.
- Bacalao al pil-pil: Al igual que los hongos, ración muy escasa. Por otro lado, a pesar de la calidad del pescado, la preparación no era ni de lejos la mejor que he probado.
-Cochinillo: Sin duda la estrella del menú. Cochinillo jugoso y muy muy bien hecho. La salsa....increíble. El punto malo, como el del resto del menú, es que acabamos la ración en dos bocados.
- Dos postres: Diría que uno de ellos era un yogur con confitura y el otro lo recuerdo qué era exactamente. Sin pena ni gloria
Por tres menús degustación, un rioja normalito y una botella de agua pagamos 220 Euros. Para ser un estrella michelin no es caro, pero la experiencia no vale el precio pagado.
No volveremos