El local es pequeño y angosto sin duda lo menos destacable del lugar, mesas pequeñas en especial las de dos comensales, además resulta algo ruidoso. Hay una terracita para el verano pero con el mismo problema que muchas otras de Madrid, que los coches pasan a pocos metros con los ruidos y el peligro que ello supone.
La cocina es casera y variada, honesta y sin complicaciones. Buena variedad de tostas, revueltos, ensaladas, guisos de toda la vida, carnes y pescados. Nos gustó mucho el pisto y la ensaladilla, además de la carrillera. No tomamos postre. Se come razonablemente bien y las raciones no son muy caras.
La carta de vinos es sencilla de lectura y presentada en un cómodo díptico, además tiene donde elegir con referencias tanto nacionales como extranjeras, con presencia de buenos vinos de Champagne, Borgoña o Alemania, además de una buena oferta de vinos españoles. Tomamos un destacable Gimonnet Fleuron 2002 por 40 euros, precio bastante correcto, en general los precios de los vinos están bastante ajustados. Copas correctas, al nivel esperado y servicio que hace correctamente su trabajo sin destacar.
La Taberna de Pedro es otro clásico dentro de las tabernas vinícolas madrileñas, quizá no está entre nuestras preferidas pero siempre resulta una buena opción por su honesta cocina y su destacable oferta de vinos, aunque por copas tienen más bien poco. De todas formas mientras no amplíen el local no creo que nos dejemos caer mucho más por allí, es demasiado angosto.
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