Restaurante ubicado en pleno Desfiladero de Pancorbo, junto al monumento del que adquiere el nombre. Precioso paraje.
Bonitas instalaciones, cálidas, amplias, diáfanas y muy luminosas. Suelos de baldosa oscura como de barro cocido. Mobiliario, pilares y vigas de madera. Paredes pintadas con tonos oro viejo, terracota. Horno refractario y amplio botellero de madera en la sala pricipal, embelleciéndola.
Cocina castellana aventajada. Productos de la tierra y de temporada de mucha calidad y con un "algo más".
El chorizo cocido que nos sirvieron de aperitivo, delicioso, ya me ofreció buenos augurios.
De primero me deleité con unos simples Boletus, los primeros de la temporada, fritos con racanería en ajos y generosidad en aceite. Tras ellos, una interesante "Bolsita de mollejas con queso de cabra sobre puré de manzana".
Y de principal, la duda ofende, un inmejorable "Lechal al Horno de Leña", con el que maridó de miedo un Mauro 04.
Carta de vinos extensa, muy poblada en referencias ribereñas y riojanas, incorporando caldos de otras zonas e incluso alguna propuesta internacional. Conté más de 20 en formato Magnum. Me sirvieron mi elección a la temperatura adecuada, en buenas condiciones y copa aceptable, pero ahí terminó, puesto que se limitaron a dejarme la botella en la mesa.
Servicio disciplinado, cercano y amistoso.
Una de las mejores opciones, si no la mejor, de la contornada.
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