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Restaurante Dos palillos en Barcelona
Restaurante Dos palillos
País:
España
Provincia:
Localidad:
Cód. Postal:

Añadir tipo de cocina

Añadir vino por copa

Precio desde:
30,00 €
(precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra:
domingo y lunes
Nota de cata PRECIO MEDIO:
76 €
Nota de cata VALORACIÓN MEDIA:
6.4
Servicio del vino SERVICIO DEL VINO
5.4
Comida COMIDA
7.6
Precio medio entorno ENTORNO
6.9
RCP CALIDAD-PRECIO
5.4
JAPO BURGER
GAMBAS A LA PARRILLA
Opiniones de Dos palillos
OPINIONES
16

Iba con alguna duda, por algún comentario aquí mostrado.

Pero al salir, me pregunto... Será el mismo restaurante? Algo ha cambiado?.

El caso es que Dos Palillos, me parece un estupendo lugar para disfrutar de comida asiática, con su particular versión.

El lugar me parece que está muy bien. La entrada típica de bar de toda la vida. Con su barra, sus palillos, botellas de Soberano, etc.
Eso sí, una vez que cruzas su cortinilla metálica, se transforma y pasas a una barra con la cocina vista y decorada de estupenda manera.

La cocina. Buena con varios platos destacables.
Dos menus, un corto y otro mas largo 14 platos.

Yo opté por este último.

Desde :

-Won ton frito de carne.
-Sunomomo de algas frescas, con moluscos.
-Higado de rape japones.
-Dumplings de langostinos.
-Temaki de toro.
-Japoburguer.
-Rollito de arroz de piel de pollo , cilantro, pepino.
-etc, etc, finalizando con Papada de cerdo Iberico.

Francamente, un menu muy bueno, con algunas elaboraciones excelentes.

Yo lo recomiendo.

Yo también he picado. El poder de la propaganda es impresionante.
Desde la barra (dentro estaba todo reservado), vimos el espectáculo de pijería que se acumulaba en los escasos metros cuadrados del local, gracias a unos taburetes estratosféricamente altos (y no soy bajito, mido 1.80).
Pedimos unas tapillas a precio de joyería y con calidad de bisutería. Esperamos media hora mientras el abundante servicio perdía el trasero para atender a "amiguetes". Muy mal, eso de servir antes a los coleguillas. Buen coperío y precios desorbitados por la calidad y cantidad ofrecida.
Cuando se pase la novedad, se van a morir de asco. Me recuerda a mi anterior local reseñado: el Velódromo. Fatal los dos. A ver cuanto duran sacándole la pasta a los pijillos... yo me fui a la tercera tapa.

A pesar de algunas críticas leidas, me acerqué a conocerlo. Aprovechando que al lado, en el CCCM habia una expo sobre los quinquis que fuimos a visitar, sobre las 19.30 nos presentamos para hacer un piscolabis, que luego resultó una cena completa. La verdad, como algunos han dicho, su entrada es algo cutre. Comimos en la barra, pues no nos apetecia hacer el menú, que es a lo que te obligan si te sientas en el interior con la cocina a la vista.

Menaje normalito. Carta de vinos suficiente, con referencias que sirven a copas. Bebimos cerveza de presión. Buena atención por parte de los camareros.

Empezamos por unos rollitos vietnamitas, quizas lo mas flojo.
Despues un temaki de atún con arroz, muy bueno.
Unas empanadillas de carne, que me parecieron hechas a la plancha. Muy ricas.
Y terminamos con un japo burguer, que supo a poco por lo bueno que estaba.
De postres, unos buenos buñuelos de chocolate y un espectacular bizcocho aéreo de almendras.

En fin. Superó las expectativas.

Anecdota : cuando apenas estabamos terminando, entró un viejo amigo : Ferrán Adriá.

He esperado casi un año para valorar "2 palillos", y sobre todo, por ver las reacciones de mis conocidos y los listeros de verema. Curiosamente, el concepto de el Bulli en la urbe, no ha tenido tanta repercusión como yo pensaba. Tal vez, en estos momentos la gente estamos un poco escamados y, no es fácil llevarnos a comer sólo con marketing y bombardeo mediático, casi diría que, en mi caso, eso juega en contra.
Dos palillos presenta una acogida impresentable en su parte exterior. En el colmo del recochineo, se pretende que la gente se siente sobre cajas de plástico, como si de una taberna de mala muerte se tratara. En la zona interior, la cosa cambia radicalmente, y la experiencia de la brigada se muestra como un gran espectáculo, tanto en el aseo del local, como en la pericia de los cocineros. Creo que lo que se cocina es de alto nivel imaginativo y no puede compararse con ningún oriental al uso. Los sabores son logrados y originales.
Añado como curiosidad, que el día en que fuimos, recién inaugurado, se respiraba un ambiente de amiguismo y de personal fashion, que a nosostros nos dio la desagaradable sensación de ser los únicos que abonábamos la cuenta. Pero esto no es un factor que puntúe.

Decepcionante experiencia en el nuevo local que Albert Raurich (ex jefe de cocina de El Bulli durante 7 años) ha abierto en Raval, pretendiendo fusionar la cocina asiática con la tapa española.

Desde luego la puesta en escena no deja indiferente: desde la calle se accede a un bar de barrio cutre a más no poder (con su minitv de las antiguas y todo), y solo al fondo, tras atravesar unas cortinas de metal, se abre una nueva sala con una barra que se extiende llena de encanto y glamour alrededor de la cocina.

Enamorados del ambiente sugerente y prometedor no dejamos llevar y optamos por el degustación largo de 8 platos. Los entrantes, nueces caramelizadas, sunomono y wantun frito, nos dejaron un tanto confusos (todos entrantes básicos de chino y japo de tercera regional). El rollito vietnamita y el yakitori de pollo de corral (muy correctos si, pero nada más) acrecentaron nuestra perplejidad (nos habiamos equivocado de local..?). Siguió una navaja thai que no aportaba gran cosa y una ostra en sake caliente que al menos resultó algo nuevo e interesante. Pero nuestro entudiasmo se apagó definitivamente cuando nos sacaron un trocito de nori, arroz y ventresca para que nos montaramos nuestro propio maki sushi (no veas, qué ilusion..!). La minihamburguesa oriental y la cazuelita de verduras nos cogieron ya de bajón, y la royal de dashi no logró quitarnos la sensación de desamparo.

Hueco, descafeinado, desvaido... platos y sabores que sólo sorprenderán a parvulitos que no hayan pisado nunca un asiático de verdad. Nada nuevo ni en cocina oriental ni en tapas españolas de autor, ni mucho menos en la fusión entre ambas. Hype fashion con un packaging excepcional, pero indudablemente emasiado básico, sin riesgo, sin contrastes, ni texturas, ningún hallazgo, ningún plato para el recuerdo...

Los 90 eur. por persona no ayudan.
Es la segunda oportunidad que daba a este local, y será la última.

Dentro del mundo de las tapas y platillos con el que El Bulli marca a sus alumnos, ha aparecido en Barcelona este restaurante situado cerca del MACBA y al lado del hotel Camper, de la mano de Albert Raurich. Acudimos con nuestro Club Gourmet. Hay dos zonas para comer, una primera barra más corta con carta y otra barra al fondo con más capacidad, donde nos instalamos. Buena puesta en escena, con los comensales sentados alrededor de las planchas de la cocina, donde casi todo se prepara a la vista en un entorno de diseño moderno. El servicio y la atención son correctos, sin pompas, y se puede escoger entre dos menus de tendencias asiáticas (uno con más platos que el otro). Casi todos los platos tienen influencias de cocinas asiáticas, y con explicación incluida al servicio de cada plato. La carta de vinos no es muy abundante y con pocas referencias nacionales e internacionales; quieren tener un poco de todo, pero sin profundizar en nada. Insuficiente.
El ritmo del servicio es el adecuado y los postres carecen de la inventiva de sus platos precedentes, falta trabajar en ellos. Es otro local de moda en Barcelona.

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