Una de las cosas que más echo de menos de mi tierra es la cocina: aquí sin duda he tomado la mejor carne tal y como nos gusta degustar por allí. Como debe de ser, a la brasa (qué importante), grueso, compacto pero tierno, que se corta como la mantequilla, y muy sabroso. Sin embargo una cosa me decepcionó: la degustación de Pintxos, quizás demasiado 'de autor', esperaba más...El ambiente magnífico, el local es precioso, muy romántico para ir con tu pareja. Eso sí, se paga... y como se paga pues en ocasiones está un poco desierto.
Y para quien no lo sepa: este mismo restaurante está en el Casco Viejo Donostiarra, de su familia... por algo me recuerda a mi tierra!
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