No voy a hablar de dinero, no pagué, pero la comida la hubiese pagado aunque me hubiese costado el doble y también hubiese salido contento.
Por poco destrono a mi restaurante de cabecera, el inconveniente es que me queda lejos de mi zona de influencia, pero es un sitio para ir a menudo.
Comí el menu gastronómico, muy completo, compuesto por 5 platos y 2 postres entre los que destaco los raviolis de queso de cabra y mango y el parmentier de bogavante, un diez. Para beber tomamos un Gramona Imperial gran reserva que cumplió su función y un Px Lustao San Emilio que maridó perfectamente con los postres, que por cierto fueron divinos. El entorno es una casa rústica, yo me he sentido como en casa, y es que lo que hay que valorar por encima de todo es la comida.
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