Cena para dos en LA CERVECECERA, al final de la calle Embajadores, casi en la M-30. Es un sitio bastante bien puesto, grande y luminoso, decoración estilo Gambrinus, pero con más gusto. La carta se compone básicamente de embutidos, foie y tostas. Pedimos media ración de foie al PX, ración muy escasa, tres láminas de foie finísimas acompañadas de seis trocitos de pan tostado. Aunque el foie estaba bueno nos pareció un poco timo porque cobraron 13 euros. A continuación unas setitas con habitas, las setitas buenas pero las habitas que acompañaban un poco duras. Para finalizar una ración de bonito casero templado, con cebolla caramelizada, que la verdad estaba bastante malo. El bonito seco, trozos muy pequeños y muchísimos granos de pimienta negra que no sabíamos muy bien que pintaban en el plato. Nada que ver con el bonito casero que te ponen en el Cazorla, por ejemplo. No tomamos postre. Para beber, por recomendación del maitre, un blanco canario de albillo que estaba bastante bueno. Copas regular, mesas sin vestir y servilletas de papel. Servicio muy despistado, excesiva espera entre plato y plato, pese a tener el comedor a un tercio de su capacidad. El aire acondicionado excesivamente alto, tipo cámara frigorífica, lo que resultó muy desagradable. La cuenta ascendió a 62,75 euros, excesivamente caro para el sitio, la comida y la atención recibida. No creo que volvamos.