Este título resumiría mi última estancia en Comerç24, el pasado sábado. A destacar el cansino recurso de usar toda clase de condimentos e ideas asiáticas para pretender originalidad. Un toque vale, pero un menú degustación entero te pone de los nervios. Por otro lado, una pena ver que un alto porcentaje de clientes son extranjeros y la nefasta idea que se llevarán es que la alta cocina de nuestro país pasa por Japón irremediablemente.
Tema vinos: confirmo la escasa bodega real del local. Buena carta, pero o no tienen disponibles muchas referencias o sólo una botella meramente representativa.
Creo que han perdido identidad, originalidad e interés a corto plazo. Me consta que es difícil mantener ciertos niveles, pero entonces, hay que reflejarlo en el precio y hoy por hoy, el local va en dirección contraria al éxito. No se puede vivir eternamente de la fama de antaño.
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