En la impresionante villa medieval de Laguardia el restaurante de corte decorativo clasico nos sirvió una cena a base de tapas, ensalada de vieiras bien condimentada, sabrosas croquetas, crujiente de alcachofa rico aunque quizas un pelín seco, contundente crujiente de berenjena con mousse de pato y frambuesa entre otras. Raciones abundantes. Servicio correcto del vino, carta no muy extensa. Coincido con Alvaro en la honestidad del establecimiento.
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