Pequeño restaurante, donde, con el pretexto de acompañar una buena y actual selección de vinos (servidos en botellas o por copas), se sirve una cocina en forma de platillos realmente excelente. Platos de factura moderna y ejecución ejemplar que componen una carta variada y extensa. El trato dado al vino es más que correcto. Lástima que el local sea pequeño y no se disponga de la intimidad y tranquilidad suficiente para degustar las maravillas que allí se ofrecen. Totalmente de acuerdo con JoanPena en que lo adecuado es ocupar totalmente la sala interior. Vale la pena ir, lo mejor, las mini-hamburguesas, los crujientes de queso con mermelada de tomate que sirven de postre (terribles !!) y el Aalto 1999 (impresionante). Volveré.
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