El restaurante pertenece al grupo Adolfo, y se encuentra en el hotel Eugenia de Montijo. En una sala que se entra desde el hall.
La decoración es clásica, el local esta bien iluminado algo pequeño pero espacioso (7 ó 8 mesas).
La carta ofrece platos manchegos con un aire renovado sin perder la esencia de la materia prima.
Los primeros fueron un generoso plato de jamón de jabugo, servido con su pan y su tomate separados Y un ravioli de changurro con azafrán muy suave.
Segundos un lomo de ciervo también muy generoso, en su punto y muy jugoso. Y un fresco y delicioso rodaballo salvaje con mollejas.
Postres, tomate queso y albaca fresco y sorprendente. Y una variante de tarta de manzana que no nos convenció mucho resultaba un poco insípida.
El servicio es agradable pero escaso, 1 camarero y algunas veces (menos) 2 en la sala. La carta de vino resulta escasa predominando los vinos de la zona. Y el servicio del vino regular, las copas buenas pero no las apropiadas. La RCP es aceptable. Recomendable.
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