Acudimos para probar el menú original (21 euros sin bebida), ahora disponible en comidas y cenas, y creo que también los fines de semana. También disponen al medio día de un menú a 12 euros.
Lo primero que llama la atención es la decoración de local: parquet, motivos orientales, espejos en techo, bonitas lámaparas... En definitiva un ambiente donde te sientes a gusto. La atención en todo momento es detallista y correcta.
A pesar de no pedir vino, pude ojear la carta, y creo que disponen de entre 3 a 5 referencias en bastantes denominaciones de origen en tintos, sin descuidar blancos y cavas. La cristalería es Rona.
Como he comentado anteriormente, pedimos dos menús, tratando de cambiar los platos para probar varias cosas.
De primero muy buenos los spring-rolls de gamba con salsa de ostras y puré de mango, así como el dim-sum con un toque ligeramente picante.
Seguimos con sushi variado, bien de sabor, aunque en mi opinión las piezas un tanto más pequeñas de lo que me gusta, y también probamos el arroz frito con pato servido en cesta de tallarines.
De segundo, mi acompañante pidió el pato laqueado servido al estilo Pekín, bueno, y yo me decidí por el lomo bajo de buey con crema de zanahoria. Muy bueno.
A esas alturas estábamos más que satisfechos, pero el postre estaba incluido, así que un brownie de chocolate y un tiramisú, bueno de sabor, aunque de textura algo helada para mi gusto.
Con refresco y agua, 25 euros por persona. Resumiendo, lugar muy agradable con unos platos a la altura del local. Hay interés en diferenciarse y creo que lo consiguen.
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