La decoración es espectacular, todo en tonos grises y blancos con un aire minimalista-vintage-barroco pero falta cuidar algun detalle como la limpieza. Fuimos al mediodía un dia entre semana y no tenian ningun tipo de menú i con una carta mal estructurada. Los precios de los platos completos son excesivos aunque las raciones son muy correctas. La cocina es lenta y eso que solo eramos dos mesas de dos comensales cada una. Solo hay unas 8-9 mesas. La carta de vinos muy simple.
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