Una comida casi divina ha sido acompañada por un servicio de sumilleria muy decepcionante.
El sumiller, un chiquillo con mucha mala leche y que iba muy desordenado, casi nos echa el vino encima a la hora de meterlo en las copas.
Lo hacía sin cariño y sin ninguna gana, nada que ver con el cocinero
Hombre, pues a mi me pareció que su trato era discreto y correcto. Vamos, que en ningún momento molestó, ni fue pesado, ni recomendó nada que no fuera acorde con nusetros gustos y el nivel de vinos que estábamos consumiendo. De hecho, aún más, se prestó a jugar con nostros escondiendo el vino que un comensal seleccionó y decantandolo para que nadie de la mesa supiéramos de qué vino se trataba, y se interesó por las opiniones que sobre el mismo estábamos teniendo en la mesa... buen trato y buena predisposición. Nada que objetar... quizás tuviera un mal día!
Si hablamos de Javier, personalmente en mis numerosas visitas, hasta la fecha me aportó el juego que solicito de una persona dedicada a la sumillería, que escuche al cliente e intente sorprenderlo, hasta la fecha se prestó al juego a la perfección. Además siempre tenemos un ratito de charla al final junto con David muy ameno, además esta siempre abierto a recomendaciones en su carta. Aunque comento que es mi experiencia personal.
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