lo que había probado con anterioridad. No os desgranaré plato por plato, pues no los apunté, quedaron en enviarme el menú a mi correo pero no lo han hecho todavía y además gran parte de los platos se comentan en otras críticas.
Tenía gran ilusión por probar la propuesta de este restaurante, precedido sobre todo por etiquetas de cocina-fusión y modernidad. Y la verdad es que no me defraudó. Gran parte de los ingredientes y sabores que allí comí no los conocía, por lo que la novedad me encantó. Además me pareció que ningún plato "chirriaba", los alimentos conjuntaban muy bien entre sí. Lo novedoso empieza desde la especie de judías secas que te ofrecen para picar con una salsa de chile si no recuerdo mal, en grandes fuentes llenas del vegetal. Te quedas sorprendido pero luego están buenas.
La decoración del local me gustó en su minimalismo y modernidad: líneas rectas, colores oscuros con predominio del negro, ausencia total de cuadros y muy poco elementos decorativos,...A la entrada una barra con unos sofás para tomarse un aperitivo, de fondo la habitación bodega climatizada.
Menaje muy correcto en la línea del local, a la última.
La atención profesional y cercana. El maitre hace funciones de sumiller con acierto, a pesar de que en mi opinión a la comida el vino le va muy poco. De hecho yo personalmente si no hubiera bebido vino tampoco lo hubiera echado en falta. De todos modos el Guitián con barrica maridó bastante bien, y nos ofreció para el buey un tinto por copas de monastrell que nos gustó mucho. Correctas explicaciones de los platos.
Hicimos el menú exprés.
Buena experiencia.