La Posada lleva 17 años funcionando, lo que ya es una cierta garantía.
Dos casas de piedra junto a un arroyo con sauces centenarios, y alejado del pueblo. Ideal para dormir y leer, leer y dormir...
El restaurante puede sentar a 40 personas en dias grandes, pero en laborables lo más probable es comer solo y en silencio..
A pesar de ello, ofrece una carta sólida y apetecible,que incluye cordero asado, sin duda. Pero también hay una rica selección de escabechados con ensalada (pollo y codorniz), un buen plato de bacalao al horno con muselina de ajo, y una carrillada de cerdo ibérico con muy buen punto. Nos recomendaron un tinto roble de Sotillo de la Ribera, el Rubiejo. (10 euros)Bien de temperatura -fresco-, excelente en boca, y con buenas copas. El restaurante tiene una gran selección de coñacs y brandies. Merece la pena el desvío desde Aranda, y salirse de lo conocido.
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