Interesante restaurante de cocina tradicional gallega situado en un caserón con fachada de piedra. La decoración interior es modesta pero aquí encuentras alma y amabilidad. Buen servicio, simpatico y agil, para disfrutar una cocina popular muy honesta. El albariño de la casa me gustó por su simplicidad y honestidad. Una grata experiencia con una gran relación calidad-precio.
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