Es un restaurante sito en la impesionante fortaleza de Hostalrich que detuvo a los franceses en diferentes ocasiones en los siglos XVII y XVIII, en su camino hacia Barcelona. Así pues el lugar, situado en altura, es impresionante por sus maravillosas vistas, grosor de sus muros, amplitud de las salas y decoración de época, que en conjunto dan un ambiente de época precioso.
La comida es muy buena, clásica pero con notas modernas, tomamos un menú degustación muy completo por 30 €, que estaa muy bien, material fresco, cocción muy adecuada, imaginación correcta, servicio mejorable pero en definitiva satisfactorio.
El vino no es su plato fuerte, lastimosamente, carta corta y poco imaginativa, llena de tópicos, sin vinos extranjeros, sin que tampoco el servicio del vino sea nada especial.
Recomendable para hacer una buena comida en un lugar muy agradable y distinto.
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