Dualidad de resultados. De reciente apertura, decoración blanca, aséptica. Carta de vinos que cubre bastantes denominaciones pero con pocas referencias en cada una. En valencianos, en particular, muy corta. Cristalería Rona, armario refrigerador. Carta basada en entrantes, tapitas individuales y segundos. Tomamos tapitas japonesas, que no me convencieron demasiado, y de segundo lubina y carrillera de buey. Bien de sabor y punto ámbos, con un emplatado interesante al igual que las guarniciones, pero con unas raciones muy, muy justas. Postres golosos: coulant y canutillo de idiazábal. Mantel y servilletas de papel. Con agua mineral Solán de Cabras (2,60 euros, puntúo vino porque no tengo más remedio) y controlando mucho lo pedido, 25 euros por persona. Punto aparte cobrar servicio de pan a 1 euro por persona (1 panecillo pequeño y 1 grissini para cada uno). De todos modos, a seguir su evolución y volver dentro de un tiempo. Atención amable.
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