Hace poco que un amigo me introdujo en el mundo del vino y comencé a visitar restaurantes de cierto índole y uno de ellos ha sido éste. El local es muy acogedor, la decoración escasa pero acertada le da un aire innovador, lo que más me gustó fue la intimidad de la que disfrutas en un salón tan grande puesto que respetan los espacios vitales de las mesas, no escuchas conversaciones ajenas pese a que la acústica es mejorable. La cristalería Rona correcta, el servicio del vino muy bueno, pues el chico perdió tiempo en dejarnos elegir y en asesorarnos, buena relación calidad precio. La comida muy sorprendente, materia prima normal pero elaborada y bien presentada con platos curiosos como los calamarcitos satisfechos, un 10 en los postres. Interesante porque abren los domingos. Me comentaron que tienen un menú a mediodía con dos entradas y un arroz o plato caliente por 10,90 con iva incluido, buena opción para cerrar negocios frente a una copa de vino.
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