Quizás este ya todo dicho cuando hablamos de Alfonso, Elena y de todo el personal que visita tras visita hacen que disfrutemos, riamos, nos emocionemos y un sinfín de bonitas sensaciones que hacen del Malkebien una pequeña gran joya en nuestro corazón. Es un honor poder llevarte de allí una bonita carga emocional para casa, porque son grandes, son luchadores y sobretodo humildes, y esa última virtud me resulta complicada localizarla hoy en día.
Era viernes y sin haber planificado nada improvisamos una visita. Hablo con Alfonso y tenemos la fortuna de que una reserva ha sido anulada. Antes de proseguir quería dejar constancia de mi afecto hacia comensal que no pudo acudir ;-)
Acudimos sobre las 14 h. El local como siempre iba llenándose hasta ofrecer un lleno absoluto, tanto en la primera tanda como en la segunda. Tuvimos la suerte también de poder “enlazar” con el segundo turno de comida y alargar más si cabe nuestra sobremesa, sin prisas pero sin pausa.
Alfonso tiene el don de la buena memoria y ya intuía que íbamos a tomar sendos vermoth Perucci para entrar en “calor”. Acto seguido nos informó del menú del día, sugerente como siempre. Nunca nos cuesta ponernos de acuerdo en los platos, y menos en lo referente al vino. Siempre nos ponemos a la sombra de sus conocimientos y nos acaba sorprendiendo. Para nada es repetitivo y por costumbre nos descubre cosas nuevas.
Los entrantes:
- Ensalada de hueva de maruca y queso Payoyo de oveja curado, con aliño de vermouth artesano del Montsant y naranja escarchada.
Una forma refrescante de empezar al ágape. Las huevas de ese pez de fondos rocosos dan un aire marino al plato y conecta muy bien con el resto de ingredientes.
- Revuelto de trompetilla e hinojo sobre nido de pasta Philo.
Un revuelto que haría las delicias del prestigioso chef australiano Bill Granger. Unos huevos frescos, una seta fresca, una hierba como el hinojo aromatizando el plato y esa pasta que pasaría perfectamente por un hojaldre. Un plato sin mucha complicación pero un verdadero espectáculo para los sentidos.
El primero:
- Lasaña de pasta Wonton con verduras de temporada, queso de cabra y membrillo del Bierzo con cremoso de calabaza y mascarpone.
Cantonés en apariencia pero totalmente nuestro en sabor, con un común denominador que es la calidad del producto y esas verduras de temporada la tienen y a raudales. Un plato sabroso y deliciosamente dulce. Me ha gustado la combinación del membrillo y del cremoso de calabaza.
Los segundos:
- Carrillera de cerdo estofada con Porto y miel, y gajos de patata agria.
Carrillera extremadamente tierna, únicamente con enseñarle el cubierto se cortaba. Un bocado sabrosísimo. Las patatas una perfecta pareja de baile.
- Merluza de pincho Cantábrico con crudite de verduras, salsa de mostaza antigua, pesto de albahaca y parmentier de cebollino.
Una merluza de un blanco impoluto. Frescor, sabor, una carne aterciopelada, una carne que se deshacía con la mirada. Otra obra de arte la combinación del pesto con la mostaza.
Postres:
- Brownie de chocolate
- Carpaccio de piña con caramelo y frutos secos.
Vinos:
-Raka 2011 Sauvignon Blanc
-Quinta do Infantado reserva 2008
-Canari. Malvasia dulce de Bodegas El Grifo
-Anselmann Ortega Beerenauslease 2005
Lo dicho en el titulo... como en casa!!!
Aunque exageras te agradezco el comentario. Yo si que disfruto leyendo vuestras crónicas, esas sí que alcanzan un alto nivel ;-)
Un abrazo
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