Restaurante situado en el corazón del modesto barrio valenciano de Torrefiel.
Se trata de un austero local, rectangular y diáfano. Accedes directamente a la sala. Al fondo a la izquierda dispone de una pequeña barrita. Decorado con pocos medios pero con gusto. Gris la baldosa, gris la pared y gris el techo.
Las mesas, sillas, etc son discretas, con manteles de hule alegres y modernos que dan el contrapunto a los mencionados grises.
En cuanto a la cocina, que es la razón de nuestra visita a este restaurante a la vista de las recomendaciones recibidas, podríamos definirla como mediterránea de mercado, con algún brochazo de autor y alguno portugués, combinando platos tradicionales con modernos.
Queríamos comer a la carta o el menú degustación, pero nos explicaron que esas opciones las reservan para las noches de los fines de semana. El resto del tiempo ofrece un menú a elegir entre dos primeros y dos segundos. Diariamente lo publica en su perfil de Facebook.
Dado que era un domingo a mediodía (el restaurante lleno, por cierto, buen síntoma) nos tuvimos que ceñir al menú, pero pedimos los cuatro platos y así degustamos con más perspectiva su cocina.
Sí que tomamos fuera de menú unos entrantes mientras esperábamos a uno de los comensales (se demoró casi una hora y en ningún momento nos apremiaron, todo lo contrario, lo que es muy de agradecer). Pedimos cecina y anchoas, ambos productos de mucha calidad, servidos sobre platos rectangulares de pizarra.
El menú fue el siguiente:
•Paella valenciana con pollo de corral y conejo. Deliciosa, sin florituras ni adornos.
•Pancceroti de espinacas y riccota con salsa de quesos Comte, San Simón y Roquefort, con reducción de amaretto. Logradísima composición, en la que jugueteaban una excelente pasta, la reducción del licor y la sorprendente salsa de quesos sabiamente elaborada aunando el sabor y elegancia del Comte, el saborcito ahumado del San Simón y la fuerza y oxidación del Roquefort.
•Negrito con espárragos salteados con seta portobello. Buen pescado, parecido al emperador, más fino, que se potenciaba con esas maravillosas setas.
•Solomillo de cerdo cocinado con cream de Jerez y ciruelas. Bien ejecutada la infalible mezcla de solomillo de cerdo y crema dulce.
Tiene una carta de vinos muy sugerente, sobre todo en lo que atañe al apartado de portugueses, realmente amplio. Tomamos con el aperitivo una copita de un buen verdejo, Prius, con la comida una botellita de Esporao reserva 07, divino, y con el postre un Port Quinta do Infantado LBV 04, joven pero pleno. Servidos todos ellos en copas Schott.
Otro detalle que hay que mencionar: dispone siempre de un par de buenos quesos que va cambiando periódicamente (y está tras la pista de Rogue River Blue, ya casi lo tiene…)
En Malkebien reina el buen ambiente, tanto en los comensales como en el servicio, ágil, atento y encantador. Se nota que les gusta lo que hacen, que disfrutan con su trabajo, y contagian su ilusión.
A mi juicio tienen manos, escuela y oficio para mucho más. Merecen otra zona y otro local que seguro les conduciría a entrar por méritos propios en la parte noble de la restauración valenciana. Pero parece que a Alfonso, su propietario, no le convence la idea, está a gusto, y no le saca de Torrefiel ni la Guardia Civil… Un placer hablar con él por su trato fácil, su amena conversación y sus conocimientos. Sabe, sabe de cocina, sabe de vinos, sabe de quesos…
Yo iré a visitarles donde estén: son muy buenos.
(Y ese menú degustación me está llamando…)
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