Empezando por el final de la última valoración, el responsable del local, un auténtico crack.
Muy meritorio, como gracias a la honestidad, buen hacer (suyo y el de su equipo) y una atención y servicio inmejorables, que te hacen sentir como en tu casa (especialmente atendiendo al precio que se paga), ha logrado que un restaurante de barrio, en apariencia como tantos otros, sea un local de lo más recomendable en Valencia, siempre y cuando lo que busques es comer y beber bien, a buen precio, y no un sitio fashion, donde ver y ser visto.
Local informal, pero con platos y cristaleria, de un establecimiento de mayor nivel, y una cocina de mercado, con un toque de creatividad, tanto en la presentación, como en los platos propuestos.
No pudimos disfrutar del menú degustacíón, que salvo petición expresa por adelantado, solo tienen disponible para viernes y sábados noche. Después de la grata experiencia, volveremos sin duda para disfrutarlo.
Por 15,50 € / persona, pudimos disfrutar de un menú del día con dos opciones para primero y segundo, y varias para los postres. Eramos dos, y como nos gusta todo, optamos por pedir las dos opciones en cada plato y así probar todas las propuestas.
PRIMEROS
*Paella valenciana. La de la terreta que es mi mujer, dijo que muy buena de sabor y el arroz en su punto. No puedo más que confirmarlo.
*Milhojas de blinis con gambas y puerros (salseado con tomate frito). Original y sabrosa combinación.
SEGUNDOS
*Chuletitas de cordero rebozadas con salsa de mostaza
*Bacalao Skrei con tallaranes y crema de sobrasada
Para los postres, todo tenía pinta de estar buenísimo. Pedimos un pastel con chocolate blanco y como nos había quedado vino, le pedimos si nos podía poner una tablita de quesos para terminarlo, nos puso una tablita pequeña con 4 variedades, una selección muy sabrosa y original, a destacar el Crabot y un azul de oveja Laxa de Guipúzcoa.
Y ahora el tema del vino. Toda una lección, en un entorno completamente alejado del esnobismo y la apariencia hueca, eso sí a precios desorbitados, que muchas veces impera en cuanto al trato del vino en la restauración.
Atendiendo a las valoraciones que habíamos leido, queríamos probar un buen vino portugués. No habíamos probado nunca nada. Guiados por la carta (ni el más barato, ni el más caro) pedimos un "Bastardo" a 23 EUR, nos dice que es un vino un poco complicado, que él iría casi más por un blanco con barrica, le decimos que nos apetecía un tinto y entonces nos dice que fuera de carta, pero a precio comedido (17 EUR), tiene un vino del Alentejo (la zona centro-sur de Portugal, limítrofe con Extremadura) del productor Luis Duarte "Rapariga da Quinta, 2009". Muy bueno, recuerda a las garnachas del centro, muy aromático y jugoso, que fue creciendo según avanzaba la comida. Excelente (y honesta) recomendación.
Y lo mejor la cuenta. 51,50 EUR (2 menús, incluyendo cafés, por 31 EUR, 17 EUR por el vino y 3,50 EUR por las dos cervezas del principio) Quién da más? Volveremos a por el menú degustación.
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