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Nos tomaron el pelo.

Había acudido con mi novia y con sus padres en varias ocasiones a este lugar. Siempre para tomar un par de vinos de aperitivo y seguir camino a casa. En ese sentido, me pareció un lugar diferente, de trato muy agradable, muy buena calidad de los caldos y las tapas que los acompañaban. La camarera muy amable y solícita y el lugar bien decorado.
Estas fueron suficientes razones para probar una cena frugal el pasado 30 de mayo, que era mi santo.
Decidimos sentarnos en una de las mesas del piso superior y tomar algún plato de la carta que allí figuraba. Resumo brevemente:
El vino escogido, un mencía del bierzo, excelente. Lo demás, muy deficiente, peor el servicio, de reclamación.
Quien nos servió nos trató como a idiotas o turistas despistados recién llegados.
La mesa, sucia, sin ningún tipo de mantel (de papel o similar, no pedíamos más, obviamente), los cubiertos sobre la misma y ningún tipo de servilleta. Al demandársela a quien nos servía, un chico avispado moreno con gafas, nos puso un pequeño plato con servilletas de papel tamaño cleenex, pocas y una ya usada (cogidas de la barra). No nos cambió plato entre la ensalada y el segundo, tampoco los cubiertos y mucho menos dispusimos de cubiertos para servir. El pan hubo que demandarlo también. Era congelado.
Queríamos tomar algo sencillo y sin gastar demasiado. Nos recomendó alguna cosa fuera de carta insistentemente desdeñando los platos de la carta, calificándolos de "normales".
Al final, haciéndole caso (grave error) elegimos la ensalada de salmón. Era correcta pero sin más.
De segundo unas costillas de cerdo que él calificó de "exquisitas". Bien, eran costillas adobadas, saturadas de sal, cuatro de ellas carbonizadas e incomibles. Eso sí, acompañadas de un par de salsas mínimas a los lados de la fuente. Cuando le dijimos amigablemente que había varias que no se podían comer, nos dijo, en plan "buen rollito" que no le echáramos la bronca que eso era cosa del cocinero (pero él nos las trajo tal cual).
Ya estábamos bastante molestos, hasta cuando recomendó fresas a mi novia de postre, a lo que ella respondió que era de Aranjuez y que tenía varias cajas en casa (mentira obvia lo de las cajas).
Resultaba que no debimos ser de su agrado por no haber consumido cosas más caras o no ser suficientemente atractivos, no sé. Para colofón, cuando llegó la cuenta, observamos como la ensalada duplicaba el precio de las de la carta, de 9 euros pasamos a 18. Comoquiera que celebrábamos sencillamente mi santo y habíamos ido con ilusión, decidí no presentar queja alguna y no volver nunca más, a pesar de la insistencia de mi novia en llamar la atención al camarero.
No recomiendo acudir en absoluto. Sólo para tomar un vino o algo parecido. Por esos precios, uno se va a la barra de Casa José (una estrella michelín), en el mismo Aranjuez y me tomo unas almejas de Carril y alcachofas con salsa de erizo, en un lugar donde te tratan con amabilidad y verdadera profesionalidad y, por supuesto, sin que nadie quiera hacerse pasar por más listo que nosotros.
La culpa fue nuestra por no reclamar, sin duda, pero da pena que te sigan tratando por tonto y que jueguen con que has salido a entretenerte y relajarte y no con ganas de montar. Algo que merecía este "profesional" que tienen en nómina en De la Calle y que, por lo que veo, ya ha recibido más críticas que la nuestra.

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