Era mi cuarta visita a este restaurante -un clásico de la ciudad- y creo que no le daré más oportunidades. La primera visita, bien; la segunda, regular; la tercera, mal, y esta última, fatal. Los caracoles a la llauna me parecieron recalentados, al igual que la espalda de cordero, recién sacada del frigorífico y pasada por la plancha. Canalones mediocres. Bacalao, solo pasable. Servicio de vino inexistente. Me temo que van de capa caída, porque un restaurante de dos pisos con dos mesas ocupadas en víspera de festivo y una sola camarera... Éramos un grupo y todos quedamos desagradablemente sorprendidos, sobre todo por la malísima relación calidad precio.
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