Está situado en la parte alta del pueblo, por lo que llegas allí con apetito tras haber subido las empinadísimas cuestas de Porrera. Situado en un primer piso, con decoración muy sencilla, trato familiar muy agradable, cuidado especial con el servicio del vino,lo que parece lógico dado el lugar donde se encuentra. Primeros platos sencillos, segundos fenomenales y muy abundantes. recomendable compartir: el magret, el rabo de buey al vino, el conejo a la brasa,..., elaborados de primera. Postres caseros. Disponen de decantadores y las copas son de nivel. Esta comida resultó inolvidable, no sólo por lo gastronómico, que también, sino por la compañía: Dominic, Paco, doctortjk y familia. En la mesa de al lado 20 jubilados suecos-as de peregrinación por este Eldorado en que se ha convertido el Priorato. Muy recomendable.
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