Espectacular. Antigua masía restaurada con un interior del siglo XXII. Vista al jardin (a la altura de los ojos), a traves de muros de cristal las gallinas pasean y comparten mesa con los comensales. Pletórico de luz natural. Lo peor, las sillas, el resto genial. De menos a más: la comida (sofisticada y sabrosa), la decoración interior (impresionante, incluso la bodega), la carta y el servicio del vino y sobretodo, el precio del vino (Cims de Porrera 98, 49€). Buen sitio, para beber sin cortarse, arriba de todo. (2 excelentes menús degustación + Cims Porrera/98 = 140€). Volveré.
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