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Por fin pude probar la cocina de Ruscalleda, sin defraudarme. Pedimos menú

Por fin pude probar la cocina de Ruscalleda, sin defraudarme. Pedimos menú degustación, precedido por el micromenú, del que destacó por sorprendente el mató marí (requesón cocinado en agua de mar). Seguimos con 4 pescados con una presentación y un sabor que bien merecen las 3 estrellas Michelín; además algunos platos muy sorprendentes, como colas de gamba a la cubana o los desconocidos "lloritos" (que gracias a la amabilidad del camarero pudimos ver sin cocinar). Seguimos con la carne y un increíble plato de quesos "con contrastes". Finalmente postres, chocolate "entre-rajoles" y el chocolate con pan, aceite y tomate (este chocolate a la catalana, estaba buenísimo). Y con el café en el jardín, la sorpresa de los "divertimentos", diez miniaturas impresionantes. Esto "mojado" con un Mas D’En Compte bl, un PX S Emilio Lustau para el postre y un Cream Gutiérrez Colosia para los quesos (estos dos últimos propuestas del sumillier muy acertadas). Toda la comida sorprendente, deliciosa y sin que haya visto hasta el momento algo parecido. El servicio muy bueno y amable, siempre atento y ofreciendo explicaciones de la comida, distribuído en un tiempo correcto (aunque parezca raro, la comida duró cinco horas). El sumiller quizá tenía que haber prestado más atención al servicio del vino (como envinar copas). A la altura de lo esperado (por cierto, el pueblecito donde se enclava fabuloso). Cada uno salimos a algo más de 190€, pero buen

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