Bonito restaurante de moderno diseño en el que, tanto estética como gastronómicamente, capitanea el proyecto la preciosa bodega a la vista a dos alturas al fondo de la sala rectangular.
Buena cocina de mercado y autor a coste ajustado (aunque no pagué lo adivino por los precios de la carta). La carta muy cortita, a base de raciones. Sin embargo resulta interesante el menú diario.
Gran ofertas de vinos con referencias para todos los gustos y precios francamente competitivos.
Buen servicio.
Hay que dejarse aconsejar por Luca, que sabe lo que tiene entre manos.
Amplia gama de ginebras para el Gin Tonic final, bien puesto.
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