El trato del equipo de la Lluerna es excelente, cercano y amable, con ganas de agradar. Eso se agradece, más cuando llegas un víspera de festivo a cenar a las 10:30h sin reserva y está a tope de gente. Al final esperamos un poquito y tuvimos mesa sin problema. Tomamos un champán por copas (no recuerdo el nombre, pero estaba muy bien). Luego tres platos al centro (éramos 2 personas). Parecía que los habían hecho deprisa y corriendo, sin el mimo que le ponen siempre. Lo que me defraudó fue el steak tartar, presentado como dos "albóndigas" enormes y no como antaño, estaba de lo más corriente. A pesar de la comida, insisto que el servicio fue muy amable. Tomamos un Baltasar Gracián que me pareció un poco amargo y quizá no muy adecuado para lo que cenamos, pero bueno, fue elección mía.
Seguiré yendo a la Lluerna, pero intentaré ir cuando no haya mucho jaleo. Entiendo que no se puede tener el mismo nivel de calidad cuando vas a tope, pero es que nos hemos vuelto muy exigentes, y no puede ser :-)
La relación calidad-precio sigue siendo magnífica!
Jaja... bueno, no creas. Estoy muy contento y los días festivos (que no puente porque trabajé) han sido fantásticos. Pero es difícil mantener un alto nivel siempre. En cualquier caso aplaudo el tesón y las ganas de los restaurantes que he comentado.
Otro dia RESERVA a una hora sensata... Jeje!!! Que tendrá que ver el "amargo del vino" con el restaurente???, de eso quejate en la bodega que seguro los conoces... (=
En efecto, el "amargo" del vino es cosa mía, no del servicio, que fue perfecto.
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