En pleno centro madrileño repleto de locales gastronómicos se encuentra este restaurante de cocina asturiana. La zona es de difícil aparcamiento, pero hay un parking en la plaza de las descalzas (a escasos metros del local).
Decoración clásica, las paredes dispuestas con estanterías con botellas de vino, unas veinte mesas y un pequeño reservado con una mesa más.
La carta se basa en la cocina asturiana con alguna concesión, fundamentalmente a productos del mar: gambas plancha, navajas, almejas, pastel de cabracho... etc. Eramos dos y compartimos una ración muy generosa de pulpo a la gallega bien resuelta, y de segundo arroz caldoso con bogavante para dos servido en barro, muy bien de sabor y buen tamaño del bogavante (habrían podido comer tres personas agusto). Con la cerveza nos pusieron un platito con queso, jamón y chorizo.
La carta de vinos es normalita: probamos un Martín Codax servido en copas correctas.
El servicio fue francamente correcto: había oído algunos comentarios negativos, pero no fue mi caso. De hecho fuímos sin reserva y estaban llenos, pero nos hicieron un hueco en una mesa. El jefe (un tipo de un aspecto peculiar) se paseo por las mesas (no por la nuestra) para ver como había salido todo.
El precio lo normal para estar en Madrid.
Tendría que probar más platos, pero con lo vivido, buen restaurante.
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