He visitado este restaurante en 2006 y hace unos meses, en 2009. En ambas ocasiones ha sido magnífico. Recuerdo la langosta sobre tomate crudo y la sopa de ajo fría de la primera ocasión a menudo. Y me encantaría repetir. Y repetir las patitas de calamar con pisto manchego. Y la sopa de ajo caliente, y el gazpacho con la ramita de tomillo humeante como si de una vara de incienso se tratara, y la ostra templada con crema de calabaza. Manuel de la Osa gritaba en la cocina, y los platos salían perfectos en hechura y el producto era excepcional. También me acuerdo de la hoja de salvia horneada sobre el bocado de ciervo. En fin...
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