Seis años han pasado desde nuestra ultima visita a la Hosteria-Restaurante Calvo de Puente San Miguel y todo sigue igual de bien en la cocina.
No voy hacer una nueva descripción del restaurante, pues como acabo de escribir en el párrafo anterior poco o nada ha cambiado en el ambiente. Si os interesa su lectura podéis leer mi comentario en Verema del 01/09/2017.
Como la vez precedente estuvimos ubicados en el comedor principal, Las mesas no han cambiado, no son demasiado grandes y están poco separadas las unas de las otras, la decoración sigue siendo ecléctica, La vajilla ha mejorado pero las copas merecerían un cambio. La sala y todo el restaurante sigue estando dirigido por la propietaria Maria Juana Larin, con quien establecimos un buen feeling desde nuestras primeras visitas y que siguió patente en esta. El servicio de sala fue muy amable y la carta de vinos, por lo leido, sigue siendo cortísima. No puedo juzgar el servicio del vino porque no tomamos. Pero bueno, lo mas importante sigue estando en el plato y esa ha sido la razón por la que hemos vuelto a visitarles.
Comimos, sin saberlo, prácticamente casi lo mismo que la vez precedente, lo que indica que la carta no cambia mucho, pero para nosotros, que lo visitamos cada X años no tiene demasiada importancia.
Para empezar nos sirvieron un buen aperitivo de queso azul y compartimos todo el resto de platos :
Ensalada de tomate de su huerta con bonito templado en escabeche con cebolla confitada preparado en casa. Muy fresca y muy rica.
Chipirones encebollados. Muy buenos
Almejas finas a la sarten. Buen calibre, Fresquísimas y perfectamente cocinadas. Muy sápidas. Deliciosas
Albondiga de calamar fresco en su tinta ( 1 por persona) . Plato icónico del restaurante acompañado de patatas paja caseras recién hechas. Muy bueno
El pan que acompañó la parte salada debería mejorarse.
De postre compartimos una excelente Tarta de queso.
Para beber tomamos una botella grande de agua y una caña de cerveza grande.
Finalizamos con dos buenos cafés.
La cuenta ascendió a 39,96 €/ persona. Muy buena RCP.. Finalizaré con un pegar/copiar de mi primera visita. : " Un restaurante al que hay que ir a disfrutar con la comida y olvidarse de todo el resto. Buena dirección para degustar una buena cocina tradicional cántabra sin florituras, pero que utiliza un excelente producto de proximidad.
aperitivo de queso azul
Ensalada de tomate de su huerta con bonito templado en escabeche con cebolla confitada preparado en casa
Chipirones encebollados
Almejas finas a la sarten
Albondiga de calamar fresco en su tinta
Tarta de queso
Tras haber leído los buenos comentarios, aunque algo antiguos-2009 y 2010-,de dos cantabros de pro, y dejarme también aconsejar por el propietario de la posada rural donde nos alojábamos, un buen bon vivant, decidimos ir a conocer la Hosteria Restaurante Calvo, galardonada con un Bib Gourmand por la guia Michelin desde hace bastantes años.
Reservamos el lunes 08 de agosto por la mañana para la misma noche de ese día a las 21h.
La Hostería- restaurante está situada a pie de carretera y es una verdadera casa-fonda, uno de esos restaurantes clásicos de toda la vida donde se come una buena cocina tradicional elaborada con excelentes materias primas de proximidad, vamos una buenísima cocina familiar...
El comedor, mejor dicho los comedores, pues hay dos, son pequeños. Nosotros estuvimos ubicados en el principal. Las mesas no son demasiado grandes y están poco separadas las unas de las otras, la decoración es ecléctica, el ambiente es ruidoso, lleno de gente hasta los topes. Las mesas están bien vestidas aunque evidentemente podría mejorarse la vajilla y las copas. La sala y todo el restaurante está dirigido por la propietaria Maria Juana Larin, señora muy amable con quien establecimos un buen feeling desde el primer momento. El servicio de sala es muy amable pero va ligeramente de cabeza. La carta de vinos es cortísima y el servicio de este se ciñe al descorche y primera cata. Pero bueno lo mas importante está en el plato y tanto es así, que volvimos una segunda vez una semana después acompañados por nuestra hija que estuvo con nosotros unos días.
Voy pues a relatar las dos cenas, la del 08 y la del 15 de agosto en este mismo comentario .
Para empezar, como aperitivo nos dieron a degustar en ambas ocasiones un excelente queso azul, muy cremoso (la camarera ignoraba su procedencia... )
El dia 8 tomamos (2 comensales)
para compartir
Almejas finas a la sartén Buen calibre, perfectamente cocinadas y muy gustosas. Una delicia.
Entrantes (individuales)
Albóndigas de calamar fresco Uno de los platos estrella de la casa. Una verdadera delicatessen, acompañada de patatas fritas caseras acabadas de hacer. Excelente
Principales (individuales)
Lubina salvaje a la plancha con ajos acompañada de patatas y verduras rebozadas Perfecto punto de cocción. Muy buena
El pan que acompañó la cena fue desafortunadamente mediocre, lo mismo que en la segunda noche.
Postres (individuales)
Tarta de queso Riquísima de 10. La encontramos tan buena que compartimos otra ración (3 tartas).
Nos dieron a probar un trozo de una tarta de almendras que también estaba riquísima.
En la segunda cena del día 15 (tres comensales) tomamos:
Para compartir
Almejas finas a la sartén . Como la primera vez.Excelentes
Ensalada de tomate de su huerta con bonito templado en escabeche con cebolla confitada preparado en casa .Muy fresca y muy rica. Muy buen producto.
Siguieron (individuales)
Albóndigas de calamar fresco. Como la primera vez, riquísimas
Dos raciones de San Martin salvaje a la plancha con patatas, ajada y verduras rebozadas . Perfectamente cocinado aunque el acompañamiento fué el mismo que tomamos la primera vez con la lubina. Muy sabroso y perfecto de cocción.
Una ración de Filetes rusos (ver foto en primer apartado) totalmente caseros, que nuestra hija encontró muy buenos.
Postres
Como ya os podréis imaginar tomamos nuevamente su suculenta Tarta de queso
Para beber tomamos en ambas ocasiones una botella de agua mineral grande y una botella de vino blanco cántabro con 6 meses de crianza en barrica de roble sobre susu lias Behetria de Cieza C.O. Costa de Cantabria, vino de la tierra 2015. Bodega y Majuelos del Cieza. Cepajes 100% Albariño. Me pareció intenso, muy fresco y no se porqué le encontré un cierto sabor a moscatel. Un buen albariño cántabro. Lo he tomado en diferentes ocasiones en mi periplo. Me ha gustado.
Finalizamos en ambas ocasiones con unos buenos cafés.
La cuenta ascendió en la primera ocasión a 42 €/persona y en la segunda a 50 €/persona, por lo que voy a hacer figurar un precio medio de 46 €/persona. Muy buena RCP. Un restaurante al que hay que ir a disfrutar con la comida y olvidarse de todo el resto. Quisiera destacar la amabilidad y el savoir-faire de la propietaria (ver foto en el primer comentario) que intenta satisfacer a todos sus clientes. Buena dirección para degustar una buena cocina tradicional cantabra sin florituras pero que utiliza un excelente producto bien cocinado. Cuando volvamos a Cantabria volveremos.
Tarta de queso
San Martin salvaje a la plancha con patatas, ajada y verduras rebozadas
Ensalada de tomate de su huerta con bonito templado en escabeche con cebolla confitada preparado en casa
Lubina salvaje a la plancha con ajos acompañada de patatas y verduras rebozadas
Albondigas de calamar fresco
Almejas finas a la sartén
he ido varias veces y siempre cuando tengo sincio de albondigas de calamar, son inmejorables,y nunca fallan, las sirven en la cantidad que se quiera porque las cobran por unidad. El resto de la comida de la carta es bastante buena tb con muy buena calidad simpre, tienen una merluza en salsa de setras bastante rica y los escalopines con patatas paja tb ricos y buenos pescados y tb chipirones muy ricos. Falla algo el local que es muy soso pero para mi lo importante es la calidad y nunca me ha fallado. relacion calidad precio muy adecuada
Se trata de un restaurante que podemos denominar como “clásico dentro de la comarca del Besaya, al que al menos hacía 20 años que no había vuelto, no por un mal concepto del mismo, sino por falta de hábito.
De concepto sobre el mismo antes de esta visita es de tratarse de lo que denomina Santi Santamaría una fonda urbana: establecimiento arraigado en su zona, con una clientela fiel, que compra sus productos en los mercados próximos.
A la comida del mediodía, nos acercamos cuatro comensales tras disfrutar de unos finos y cervezas en una terraza, accedemos al comedor, siendo éste de dimensiones reducidas, mesas ligeramente juntas, con una mantelería, vajilla, cubertería y cristalería que podemos denominar como de aprobado justo. La sala se encuentra con una ocupación de un 70%.
Hemos compartido:
Unos bocartes, abiertos y rebozados: perfectos en el amplio sentido de la palabra, de los de antes.
Albóndigas de bonitos y de calamar: buenas las de bonito y muy buenas las de calamar (parece que es uno de los productos estrella de la casa) y con razón.
De platos:
Dos escalopines con salsa de queso: buena salsa de queso, buena carne, aunque ésta quizás un poquito falta de sabor.
Una de filetes rusos, si como suena, pero claro caseros, caseros…buenos, buenos
Chipirones encebollados, quizás un poco faltos de presentación en el plato pero con muy buen nivel en el punto de los mismos, cosa que es difícil a veces conseguir.
Los postres, todos caseros, fueron dos de brazo de gitano, una tarta de queso y un hojaldre con crema templada: podemos decir que los tres estaban de notable alto.
4 cafés y agua.
En cuanto a la carta de vinos lo básico de estas zonas, sin grandes alardes pero con buenos precios: Creu de Lavit 2006 12 € y un Finca Resalso 2008 12 €. El servicio justo.
Si retiramos los precios de los aperitivos tomados en terraza y los consabidos GT, el precio por persona sin incluir esto, ni los vinos, es de: 32 euros.
En conjunto una cocina desmerecidamente olvidada, como buen producto y mejor trato al mismo, en una sala y en un servicio (muy voluntarioso y afable, pero solo eso) que se queda un poquito más bajo de nivel.
Para volver en poco tiempo.
Pequeño local familiar que se encuentra ubicado al pie de la antigua carretera general dirección Oviedo, calificado como Big Gourmand por la guia Michelin. Decorado con cuadros cuyo autor es Jose Luis, uno de los dos cocineros, el otro es Jesus (Chuchi). La cocina es tradicional y en la carta tienen platos originales, tales como albóndigas de calamar fresco (riquísimas). Servicio atento, rápido y diligente. Eramos tres personas y comimos de entrantes: 3 tostas de foie-gras fresco(4,80 E/pieza) muy sabroso y el foie en su punto de textura. Rabas de calamar fresco(10,50)pues eso que eran frescas ¡sabrosísimas! y croquetas caseras de jamón y chorizo(5,50)muy ricas, la masa pura crema. De segundos: Chuleta de novilla(14,00) muy buena carne, muy sabrosa,en su punto sangrante y de buén tamaño acompañadas de patatas recién fritas. Verduras (calabacín) rellenas de marisco, te sirven cuantas piezas quieras (3,60) la unidad, esta vez fueron dos, era original y estaba muy bién de textura y sabor. Y merluza con setas(12,50), un clásico de su cocina, fresca en su punto, jugosa y brillante. De postre, aquí si hay que tomar postre, son todos caseros, hojaldre con crema templada(4,00), buén hojaldre crugiente, riquísimo y torrija(4,00) es sublime, impresionante la jugosidad que consiguen, parecia rellena de natillas. La carta de vinos es dominada por los riojas clsicos´, Riscal, Imperial, Tondonia, algún Ribera del Duero, Teófilo Reyes, Castaño de Yecla. La vajilla, mantelería y la cristalería son correctas. Bebimos un Colección 2004 de Castaño, magnífico vino, que se ha pulido, produciendo en la boca muy gratas sensaciones.
Seguramente el deseo de comer bien, cocina tradicional, sin excesos, pero cuidando la materia prima y demostrando un alto nivel culinario, sin necesidad de entrar en lo creativo o diferente, nos puede conducir a un restaurante como el Calvo. Efectivamente se come bien , la comida está rica o muy rica, con algunos platos como las albóndigas de calamar difíciles de olvidar y apetecibles hasta la saciedad. Tuve la suerte de degustar una sorda estofada realmente magnífica, con una salsa equilibrada , sin excesos , gustosísima que junto a un punto de cocción excelente, lo convirtieron en un plato de caza difícil de igualar en cualquier sitio de los que he podido
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